Desde este nuevo blog podréis conocer muchas cosas relacionadas con el Medio Ambiente: cómo caminar por la montaña, rutas de senderismo, curiosidades de flora y fauna, experiencias y anécdotas vividas... y un sinfín de ideas útiles que nos brinda cada día nuestra Naturaleza.
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martes, 20 de enero de 2015

Un cuento nuevo: LAMENTO

Teníamos pendiente contaros un cuento... 
Hoy llega de la mano de Almu.
 
 
 
LAMENTO
 
Todo tiene una moraleja, solo falta saber encontrarla. Lewis Carroll
 
El bosque iba dorando sus hojas al compás de la llegada del otoño. En ese letargo sutil, mientras unos cosechaban alegrías otros se sumían en la más incesante de las melancolías. No hacía mucho que el verano con su constante trajín había desgastado la energía de sus habitantes y era tiempo del descanso merecido. La lluvia bendecía la tierra con su repiqueteo altanero y la alfombra yerma que tupía el suelo recibía con agrado un poco de fluido ajetreo.
 
En ese bosque y en ese momento era cuando más se dejaba ver una criatura de cuento, digna de historias legendarias que pueblan los sueños de grandes y pequeños. Una descomunal águila real mostraba sus vigorosas alas en cada uno de sus vuelos. No obstante medían casi cinco metros. Las gentes del lugar mucho decían acerca de ella, jamás un ser así de fascinante había ocupado tanto sus ratos de asueto. Pero nadie nunca jamás había logrado verla, solamente fabulaban... no era nada concreto. Sí reconocían de primera mano a los venados, como acostumbraban a llamar a los ciervos. Sus astas eran codiciadas en toda la región, decoraban más de un salón o centros de reuniones, a montones se podían encontrar por allí... pueblo de cazadores, hacían los honores a su estirpe ancestral repleta de balas y escopetas.
 
Un día más de ese otoño desalentado los aldeanos iban en busca de otro venado. Tocaba cacería, harían todo lo posible para traerse al macho más codiciado. Amaneció despejado, ni una sola nube pintaba el cielo de gris. Los perros corrían por todos lados, les esperaba un gran festín, resonaban los ecos de las trompetas fusilando el viento con toques de duelo, la muerte se abriría paso al fin.
 
La hueste estaba bien compuesta dispuesta ya a disparar, "cueste lo que cueste lo tenemos que alcanzar", decían arengando a la gente. Desde el amanecer ocupaban ya sus puestos, pero no habían tenido suerte.
 
Al cabo de un largo rato uno de los descorazonados lugareños desfrunció el ceño. Con gran sorpresa apareció ya la esperada presa. Era un ejemplar de lo más hermoso, impetuoso se movía con maestría entre la vegetación recelando de ver tal cantidad de personas por allí. Sin reparo abrió fuego, mas no consiguió darle. Luego lo volvió a intentar, pero le falló el pulso. Otro intento más no hubo, el ciervo huyó como pudo, corriendo sin cesar. Pero en otro de los puntos apuntó un pobre chaval, y esta vez sí le dio, aunque no fue una herida mortal. 
 
Aquel majestuoso animal se postró unos segundos mientras lo intentaban acorralar. Miraba con ojos tristes, ¿por qué me queréis matar? pensaba quizás. Fuerte se recompuso y se marchó abriéndose paso. Tantos eran tantos los que a su cornamenta habían puesto precio, que con desprecio competían entre ellos por llevarse tal trofeo. Aparecían por todas partes y finalmente en un monte aparte lo placaron. No podía pedir piedad, no podía nada más que bramar, llorar de dolor.
 
En ese bosque de otoño resonó su lamento y hasta las piedras del camino se retorcieron. Su sufrimiento fue escuchado por aquel ser de cuento que antes hemos mencionado. Una poderosa águila real, enorme, colosal, surgió del cielo. Perplejos los cazadores dejaron de disparar... ese ser bestial les daba mucho miedo. El macho de ciervo andaba ya medio moribundo... cuando el águila real se lo llevó lejos, muy, muy lejos, a otro mundo...
 
 
 
 
Dicen que desde entonces, en las tardes plomizas de octubre, cuando las urbes se quedan marchitas y sus gentes se encuentran al amor de la lumbre, se pasea por los cielos una silueta misteriosa recordando a los presentes que no se olviden de aquel que ese día dieron muerte.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

viernes, 7 de septiembre de 2012

Cazando poemas

Esta vez llega un poema de hace tiempo que escribí pensando en un cazador que finalmente cae en su propia red. Dándole un toque de humor cambié el soneto de "La canción del pirata" de Espronceda improvisando de cabeza mientras iba en el metro. Y así fue cómo quedó:


- SONETO DESVIRTUADO -

Virtuosamente he desvirtuado
un poema, un pareado
sombreado y colorido
este soneto he parido
Sin más dedicatoria
que el arte de la oratoria
ensayar de vez en cuando
la coherencia de lo incorregible
siendo difícil la prosa
de ahí nacen los versos
no siendo vuestro desprecio
la peor de las cosechas
la sonrisa lo predecible
lo demás una gran sorpresa...


Con diez arroces a banda
no hay gambón que no pueda
ir directo a la cazuela
y celebrar un gran festín
Aquel misceláneo destino
de un buen conejo al ajillo
su suerte hubo de ser
aparecer un día plomizo, gris
con el rabo entre las patas
aquellas pobres crías cegatas
 presas fáciles del cazador
de este fue su gran error
cocinar su propio plato
que con afán se empeñaba
en cazar a discreción
sin discriminar bicho viviente
"da igual si su simiente
 extermino o no"
sin preguntas ni dilaciones
quería llenar sus balcones
del estruendo de los balazos
de las pieles y los retazos
de lo que antes fue un ser vivo
"antes soy yo que él"
"si con esto sobrevivo
no hay mal por comer
que cosa mala el hambre es"
Ahí comenzó todo...
la afición fue germinando
y claro, sus frutos fue dando
pero no sabía el cazador
que no hay mal peor
que ser presa en tu propia red
y aquel sabroso conejo al ajillo
tornose fuerte pesadilla
en forma de indigestión
corriendo hacia el hospital
no podía parar
y se deshacía en dolor
retortijón tras retortijón
se estremecía,
"mira que desaborido", decía
"ese conejo se merecía la diarrea que tengo yo"
"anda y que sus huesos vayan lo más lejos"
Como ya no puede ver conejos
ni en pintura y menos en el plato
sin sufrir retortijón
allá felices en el campo
vuelven sus crían cegatas
a tostarse y salir al sol
Este nuestro buen cazador
cocina ahora sus arroces a banda
cogiendo de la huerta del vecino
un poco de cominos, judías y esos gambones
que en diez raciones y con una buena salsa
lo sostenible es no guardar la línea
aunque lo lógico sería
 hacer buenos saques de templanza
ante la comida.

Moraleja: No es necesario cazar si te puedes preparar la comida con otra cosa. Deja vivir a la rosa que es aún más hermosa cuando no la cortas.


- Almudena -