Uno de los principales deberes de un buen profesor es estimular el pensamiento crítico en sus alumnos. Lejos de caer en maniqueísmos, debe presentar datos, hechos y dilemas éticos para que sean los alumnos los que intenten encontrar una respuesta que no siempre es fácil o incluso posible de encontrar. Esto puede hacerse de muchas maneras, y una de las que hemos elegido nosotros es a través de una historia. En nuestro recién estrenado blog de "Sol Oscuro" encontraréis una historia titulada LCY-324. En ella se habla de una gorila modificada genéticamente, y además de presentar algunos conceptos que son enseñados en Biología de 2º de Bachillerato, se plantean interrogantes muy polémicos sobre la experimentación en animales. No hay malos ni buenos, solo preguntas incómodas. En eso, precisamente, consiste el espíritu crítico.
Desde este nuevo blog podréis conocer muchas cosas relacionadas con el Medio Ambiente: cómo caminar por la montaña, rutas de senderismo, curiosidades de flora y fauna, experiencias y anécdotas vividas... y un sinfín de ideas útiles que nos brinda cada día nuestra Naturaleza.
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lunes, 6 de julio de 2020
jueves, 16 de mayo de 2019
Debates de andar por clase
El otro día, en una clase de Ciencias de la Tierra de Bachillerato, estábamos explicando el tema relativo a los espacios protegidos, y cuando se mencionó el punto de cómo gestionar las visitas del público general a estos lugares de gran valor ecológico, uno de los alumnos propuso: "¿Y por qué no prohíben la entrada a la gente y así se conservan mejor?".
La cuestión no es ninguna tontería. Está claro que, en lo que se refiere a degradar el valor de un paisaje, los seres humanos nos las pintamos solitos. De hecho, si es necesaria la figura de espacio protegido es para evitar que las actividades de origen antrópico perjudiquen los valores geológicos, faunísticos o botánicos de ese paraje. Entonces ¿por qué arriesgarse a que entre los visitantes haya individuos de poca educación y menos vergüenza que arrojen basuras, se comporten de manera irrespetuosa, causen desperfectos o incluso provoquen por negligencia accidentes e incendios?
La respuesta, a nuestro modo de ver (y así lo expusimos en clase) es muy sencilla. Visitar un espacio natural protegido deja una impresión en quien lo hace. Y en esas emociones es donde reside el secreto de la concienciación. Podemos leer todo lo que queramos sobre la biodiversidad de un ecosistema y sobre las razones que apoyan su conservación, pero lo que realmente "convence" es el lenguaje de la emoción (algo que sabe muy bien cualquier publicista). Y para que alguien se sienta impresionado y conmovido no vale ver algo en una pantalla, paupérrimo sustituto de la realidad, sino estar allí, oler, escuchar, perder la mirada, tocar, recorrer y admirar.
También es evidente que esto no puede hacerse sin control. Por desgracia, formamos parte de una especie que no puede fiarse de sí misma, y entre las personas que entren en uno de estos santuarios siempre habrá irrespetuosos carentes de sensibilidad que se piensen que en la Naturaleza pueden hacer lo que les venga en gana. Por eso, cada lugar, y en función de la vulnerabilidad del medio, escoge sus propios métodos de gestión: visitas guiadas por personal del parque, acceso a determinadas zonas restringiendo otras, limitar el cupo de personas por día, etc. Ojalá pudiese ser todo más libre y sencillo, pero hay que ser razonables.
La Naturaleza es de todos, y eso significa dos cosas: que tenemos derecho a vivirla y disfrutarla, pero que en ocasiones también tenemos el deber de sacrificar un poco de esa libertad por su propio bien. Cuando tengamos oportunidad, vivamos la experiencia de caminar por alguno de estos santuarios protegidos, pero siempre con mucha cabeza y aún más corazón.
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