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domingo, 7 de julio de 2019

Al loro con Teodoro

Hablemos de sexo (en plantas)

En los vertebrados el sexo es relativamente sencillo. Vale que a veces cuesta mucho conquistar a tu pareja, y luego viene cuidar a las crías y todo eso, pero por lo menos sabemos que hay dos sexos: macho y hembra. Por cierto, y como sabéis que me pirra buscar el origen de las palabras, os diré que "macho" viene del latín masculus (como masculino), que significa "varón", y "hembra" de femina (como femenino)

Sin embargo, en plantas la cosa se complica un poco. En plantas hay tres opciones. Hay especies que son dioicas ("di" sabes que significa "dos", y "oikos" significa "casa", como en la palabra ecología) y son las que hay pies de planta machos por un lado, y pies de planta hembra por otro ¡Sí, las plantas también pueden ser machos o hembras, qué cosas!

Pero también pueden ser monoicas (igual que antes, pero ahora significaría "una sola casa") y son especies en las que un mismo pie de planta tiene por un lado flores masculinas y por otro flores femeninas. Es como si una parte de la planta fuera chico y otra chica. Menudo lío.

Pero ahí no acaba la cosa, porque hay especies hermafroditas (de los dioses Hermes y Afrodita, es decir, sería a la vez masculino y femenino), en los que cada flor tiene a la vez partes masculinas y femeninas ¿Para qué conformarse con una sola cosa?

Por cierto, otro apunte de culturilla genera: la palabra "sexo" tiene la misma raíz que "secante", "intersección" o "disección", cuyo significado es "cortar", y es que en principio se utilizaba para designar el hecho de que los seres vivos parecían "cortados" en dos opciones: la masculina y la femenina. De hecho, los romanos utilizaban sexus seguida de virilis o mulieris según correspondiera.