Desde este nuevo blog podréis conocer muchas cosas relacionadas con el Medio Ambiente: cómo caminar por la montaña, rutas de senderismo, curiosidades de flora y fauna, experiencias y anécdotas vividas... y un sinfín de ideas útiles que nos brinda cada día nuestra Naturaleza.
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sábado, 16 de junio de 2018

Para leer en la Naturaleza




En sus últimos años de vida, Alce Negro, uno de los últimos indios Lakota que vivió los años de esplendor de su cultura, quiso hacer depositario de todas sus historias a Joseph Epes Brown, un antropólogo estadounidense que consiguió ganarse la confianza del anciano indio.

Además del libro "Alce Negro Habla", Brown plasmó los conocimientos que había recibido en el libro "La Pipa Sagrada", en el que describe importantes ritos que definen la tradición Lakota, con todo su espíritu y su significado, ritos que no eran revelados a cualquiera. Si Alce Negro los contó fue porque temía que se olvidaran en el tiempo cuando la Historia fuese dejando de lado a su pueblo.

Con una prosa sencilla y cercana, en la que nos parece estar escuchando al anciano Lakota, Brown nos habla - entre otros ritos - de todo el simbolismo que encierra la Pipa Sagrada, o el inipi, la "cabaña de sudar". Y en cada uno de los detalles podemos apreciar lo que caracterizaba a unas gentes que vivían en completa armonía con la Naturaleza.






domingo, 8 de septiembre de 2013

Esas grandes historias

Para los indios Lakota, las plumas tenían un significado especial. El tipo de pluma, su tamaño y su colocación en el tocado del bravo guerrero eran un testimonio de sus hazañas, sus aportaciones a la tribu o su personalidad. La persona no tenía derecho a llevarlas encima si no había hecho algo para merecerlas. Las plumas tenían siempre un simbolismo muy importante y estaban cargadas de poder.








"Una leyenda cuenta que cierto cazador se vio obligado por el hambre a matar un águila para comer. Sin embargo, cuando regresó al campamento, empezó a sentirse culpable por haber dado muerte a un ave tan sagrada. Por ello, hizo un hermoso tocado con las plumas del animal y lo colocó en un lugar de honor de su tipi. Siempre que comía, ofrecía el primer bocado a las plumas que representaban al águila que mató. También, desde ese día, llevó encima una de las plumas en señal de duelo.
 
 
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Sucedió que en otra ocasión el cazador se perdió en mitad de una ventisca. Cuando creía que iba a morir, se topó con una vivienda solitaria, en la que entró para pedir hospitalidad. La tienda pertenecía a una mujer muy bella y sabia, de ojos muy penetrantes. El cazador supo que estaba en presencia de una persona sagrada, y le pidió ayuda con voz cargada de respeto.
 
 
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La mujer le dijo que ella era la madre del águila que él había matado en aquella ocasión. Había reconocido las plumas de su hijo en el tocado del cazador, y quiso decirle que estaba satisfecha por el respeto con que había tratado a su espíritu y su recuerdo. Después de haberle dado de comer, el cazador agradeció su amabilidad y abandonó el tipi, descubriendo que la ventisca había pasado y la casa de la madre del Águila se había desvanecido como si no hubiese existido..."