Desde este nuevo blog podréis conocer muchas cosas relacionadas con el Medio Ambiente: cómo caminar por la montaña, rutas de senderismo, curiosidades de flora y fauna, experiencias y anécdotas vividas... y un sinfín de ideas útiles que nos brinda cada día nuestra Naturaleza.

viernes, 27 de julio de 2012

Un estuche en el camino

Caminando por Peñalara, en la Sierra de Madrid, hemos pasado muchísimos fines de semana. Esta anécdota es de hace un tiempo ya, pero cada vez que la recordamos, nos quedamos más asombrados de las sorpresas que se nos presentan sin saber cómo. Esta tiene su miga. Nos echamos unas buenas risas.

Echando cuentas, porque ha pasado bastante tiempo, sería allá por el 2004 o el 2005, en un día de invierno íbamos los tres de siempre a poner tierra de por medio en esos bosques. La mochila bien cargada siempre que vamos al campo nos acompaña y en esa ocasión también. Llegamos a la Laguna, comemos por el pastizal rodeados de vacas que nos miran como queriendo decir: "Almuuuuuuu, voy a por ti" pero no les hacemos caso. Va cayendo la tarde y tenemos que deshacer el camino para coger el tren de Cotos hasta Cercedilla, y casi lo perdemos. Nos habíamos entretenido porque en una de estas que decides salirte un poco de la zona habitual de la senda para sentarte a descansar, habíamos perdido un estuche.

Dicho así suena un tanto infantil, quién no ha perdido unas gafas cuando se asoma a hacer una foto al borde de un río (yo no... jeje) o quién no se ha dejado la tapa de la cámara en el valle de Iruelas y tenemos que volver para buscarla (yo no...) Pero esta vez era diferente. Ese estuche llevaba con nosotros desde que Dani estaba en 6º de EGB. Vaquero, con el lavado a piedra de la época, estaba ya andrajoso. Ese estuche había hecho la EGB, BUP, COU y había llegado a la Universidad. En esa etapa de la Uni fue cuando todos los amigos firmamos en él. Que si un dibujo por aquí, que si la gracia de turno para que te acuerdes, vamos, que estaba bien tuneado. 

Cuando lo perdimos de vista, ya no sabíamos dónde buscar. No nos daba tiempo a seguir mirando y dimos por sentado que pasaría sus últimos días y sus últimas noches al raso, hasta que una de esas vacas lo encontrara y decidiera llenarse la panza con él y con sus rotuladores multicolores. 

Llegó la primavera. Ese invierno había sido duro: lluvia, viento, nieve... vamos, un invierno cómo tiene que ser. Y con los primeros días de sol nos apetecía volver de nuevo. 

No teníamos pensado seguir el mismo camino. Al final hicimos una ruta parecida. Cuando la acabamos volvimos a bajar por la senda del "Estuche Perdido". Como esa vez no íbamos tan apurados de tiempo, nos asomamos a ver si por un casual nuestro viejo compañero de clases estaba rondando por allí. Y, ¿qué esperáis? ¿estaría o no? PUES SÍ, allí estaba. A los pies de un árbol, como resignado y diciendo "¿estos cuando vuelven?" nos esperaba aquel testigo de parte de nuestra historia. El alegrón fue inmenso. Ya no por tenerlo de nuevo, sino por ver que la Naturaleza, siempre que nadie interceda, deja las cosas como están.  Y no tuvimos que llamar al equipo de salvamento de alta montaña, él aguantó allí solito.

Después del rescate, ya lo hemos jubilado, hemos decidido que pase esta última etapa de su vida sin tantos contratiempos. Pero aún lo tenemos guardado en un rinconcito de nuestro armario. Cada vez que nos asomamos le decimos: "de ahí no te escapas, ya has recorrido mucho mundo y has visto muchas cosas".






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