Desde este nuevo blog podréis conocer muchas cosas relacionadas con el Medio Ambiente: cómo caminar por la montaña, rutas de senderismo, curiosidades de flora y fauna, experiencias y anécdotas vividas... y un sinfín de ideas útiles que nos brinda cada día nuestra Naturaleza.
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domingo, 21 de diciembre de 2014

Prepárate, va a estallar el obús

Esta canción de hace ya algunos años nos viene que ni pintada para poner título al relato de una anécdota difícilmente olvidable por lo que nos podría haber pasado de haber sido otro el desenlace.
 
Era la primavera del 2009, Dani, otro compañero y yo realizamos una actividad de Educación Ambiental con chavales de secundaria acompañados de sus profesores en una zona de reserva de La Casa de Campo. La mañana fue espléndida y los alumnos aprendieron mucho. Lo "mejor" se quedó para el final, cuando ya volviendo hacia la salida de la reserva iba yo delante con un grupito de niños y el profesor que vino conmigo me llamó a voces: "Almudena, Almudena, ven, corre". Él se había quedado detrás y ante ese alarmismo me imaginé que podía haber visto algún animal curioso como algún zorro. Pero no, no era ningún animal, sino un enorme obús semienterrado, pero visible, que asomaba entre la tierra. Mi sorpresa fue mayúscula, ya no solo por el hallazgo, sino porque cuando acudí al encuentro con el profe, éste estaba dándole pataditas. Los niños se agolpaban entorno a nosotros dos y al final lo que hizo el profesor, la verdad que fue muy inconsciente, fue coger el obús y llevarlo hasta el punto donde habíamos quedado con los otros niños de los otros dos grupos. Allí todos decían que era una bomba y que querían hacerle fotos. Dani, mi otro compañero y yo decidimos lo siguiente: bajar con los niños hasta el lago de La Casa de Campo, llamar a los TÉDAX  e indicarles la posición del artefacto.
 
Una vez que ya ha pasado todo, echando la vista atrás, hasta te produce ciertos escalofríos de lo que pudo pasar. Y es que por Madrid hay muchos lugares que fueron escenario de batallas de la Guerra Civil, y aunque pensemos que ya ha pasado bastante tiempo de esto, no hace nada viéndolo con perspectiva.



 
 
 
   

domingo, 14 de septiembre de 2014

Una oruga en la cocina

Hoy nos hemos encontrado con una visitante inesperada en nuestra cocina. Una pequeña oruga de menos de medio centímetro se paseaba por nuestro suelo. Hemos decidido cogerla con cuidado y dejarla en una cajita con algo de alimento para ver si metamorfosea en una mariposa. De momento la estamos observando, no sabemos de qué especie puede ser porque al ser tan minúscula es complicado buscarla en guías de identificación. Ya os mantendremos informados si finalmente puede salir adelante y conseguimos ver la transformación. Aquí os enseñamos una foto que hemos podido hacerle.











martes, 17 de septiembre de 2013

Una Lycosa en casa

El otro día, mientras poníamos en orden y revisábamos algunas macetas que tenemos en casa para limpiarlas y quitarles las hojas secas, nos encontramos con una pequeña sorpresa: una araña de las llamadas Lycosas.
 
No era muy grande, la verdad. No tenía nada que ver en cuanto a tamaño con la araña lobo (Lycosa tarantula) que casi todos nos imaginamos como una araña enorme y bien surtida de "pelos". La que nosotros vimos pertenece a este tipo, las denominadas como "Lycosas", pero aún no hemos podido determinar de qué especie se trata.
 
Es lo que tiene mirar por muchos sitios en busca de bichos... se nos acaba de venir la imagen a la cabeza de Gerald Durrell con aquel libro de "Mi familia y otros animales". Cuando la mayoría de la gente huye despavorida en cuanto que sale algún bichejo de éstos, nosotros siempre estamos deseando verlos, y es más, no desaprovechamos la ocasión de estar atentos a cualquiera de ellos que atrae nuestra curiosidad y que suelen aparecer por sorpresa la mayoría de las veces.
 
 
Esta pequeña Lycosa estaba ahí sin  más,
muy quieta sobre una hoja,
esperando no ser vista.
 
 

 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
En cuanto a la araña lobo, más conocida como tarántula, fue la primera araña en ser nombrada así. Y en concreto, debe su nombre a que fue encontrada (y también nombrada) en los alrededores de la ciudad italiana de Taranto (Tarentum en la época romana). Esta Lycosa es la mayor araña del Viejo Continente europeo.
 
Cuando los conquistadores llegaron a América y se encontraron con las enormes arañas de la zona, les dieron el nombre de la mayor que ellos conocían, o sea, tarántula. Con el tiempo el término fue relegado a las grandes arañas americanas, y la pobre Lycosa fue despojada de su nombre originario,
quedándose con el de araña lobo.
 
 
 
 
- Si vosotros podéis dar con el nombre científico y dejarnos un comentario,
os lo agradecemos de antemano. -
 
- Cuando nosotros sepamos de qué especie es, sin lugar a dudas,
lo publicaremos en otra entrada haciendo alusión a ésta. -
 
 
 

 
 
 


jueves, 8 de agosto de 2013

Más fotos de archivo

Revisando muchos más archivos de imágenes que tenemos guardados, hemos podido encontrar una del año 2006 en la que aparece un tanto desdibujado entre la calima un milano real

No es fácil fotografiar rapaces desde el coche... Almu me dice constantemente que lo pare en la cuneta cada vez que asoma una a lo lejos, si fuera por ella estaríamos horas esperando agazapados y parados hasta que se volviera a plantar alguna en su atalaya. Más de una vez me ha dado un buen susto cuando de improviso aparece algún animal interesante y me insiste para que paremos. No siempre se puede ni se debe hacer y hay que anteponer nuestra seguridad a conseguir una buena toma. Así que Almu se queda refunfuñando un rato largo, pero cuando se le pasa nos volvemos entre bromas y risas constantes, como el día que bautizó a un misterioso neuróptero como "bichiki".


Esta foto que os enseñamos no es de las mejores, es otra más que sacamos con la cámara compacta. De hecho las fotografías son muchas veces un "reflejo pobre" de lo que en verdad se siente cuando tenemos la suerte de ver cómo, aparentemente de la nada, surge una imponente rapaz y nos muestra toda su belleza. 


Las fotos no LES HACEN JUSTICIA   








miércoles, 26 de junio de 2013

Aquel día por La Peña de Francia

Hace ya tiempo que no vamos a La Alberca, un pueblecito con mucho encanto de la provincia de Salamanca. Quizás sea porque aún tenemos muy presentes los recuerdos de aquel fin de semana que pasamos triscando por allí. Y es que es difícil de olvidar la caminata que nos dimos para llegar andando hasta La Peña de Francia. Ya han pasado unos cuantos años de aquel puente de primeros de mayo en que nos plantamos en este enclave de Las Hurdes que en verdad urdió para nosotros un día memorable. Cuando le preguntamos a la recepcionista del hotel donde estábamos alojados cómo llegar desde la plaza del pueblo hasta la cumbre, nos dijo que lo mejor era coger el coche, pero nosotros ni cortos ni perezosos decidimos que no nos apetecía sacarlo del aparcamiento y que lo íbamos a hacer andando. La mujer nos miró con gran extrañeza, quizás pensando que estábamos locos...

Al principio no se nos hizo difícil el camino, cada dos por tres nos deteníamos en algún arroyo para ver ranas o caballitos del diablo y sacar alguna foto. Cuando llevábamos ya unas tres horas más o menos de travesía y, tras dejar atrás un bosque frondoso, nos encontramos en plena solana, con unos riscos tapizados por piornos y erizón y con un calor insoportable que nos hacía flaquear de vez en cuando y pensar que no podríamos llegar finalmente. A lo lejos vimos asomar unas cuantas cabras montesas y cogimos un poco de ánimo. También algunos buitres nos hicieron levantar la mirada y pensar que "ojalá pudiéramos llegar a nuestro destino como ellos, volando". 

" La Peña de Francia es un lugar de gran belleza que nos permite contemplar el Pico Hastiala, el Pico Mingorro, los Cabriles la sucesión montañosa de Las Hurdes o las Sierras de Béjar y Gredos. Destacables en cuanto a fauna son el águila real, el halcón peregrino, la cigüena negra, la rana patilarga, el meloncillo o el gato montés, entre otros. "


Después, intentando buscar algún atajo yendo campo a través, nos perdimos y tuvimos que deshacer parte del camino. Tras evaluar qué sería lo mejor, si continuar o buscar cómo volver, nos decidimos a seguir. En caso de que alguna vez os encontréis en una situación similar, hay que andar siempre en el mismo nivel de visibilidad del paisaje y sin perder altura, teniendo algún punto de referencia. Como estábamos en un lugar despejado podíamos ver lo que había alrededor y apreciar las distancias. Al final retomamos la senda, y con un buen palizón encima, coronamos la Peña de Francia, que bien llamada, se nos hizo tan lejana como llegar más allá de los Pirineos. Estuvimos como unas doce horas andando...  la subida fue mortal, pero la bajada, después de un buen bocata para recuperar fuerzas, la hicimos cantando. 










lunes, 4 de marzo de 2013

Un murciélago en el techo

De vez en cuando algunos animales se cuelan en lugares inesperados pensando que pueden encontrar refugio en ellos. No son pocas las veces en las que visitantes como golondrinas, aviones, gorriones o vencejos aparecen en escena en nuestras terrazas, porches o huecos de algunas casas en pleno casco urbano.

Sin ir más lejos, no hace mucho nosotros tuvimos que acudir al rescate de un vencejo que pensó que nuestra cocina era el lugar idóneo para descubrir un nuevo sitio donde poder estar.

Y también en una ocasión un tímido murciélago se plantó bien quieto en el techo de una de nuestras habitaciones. Aquí podéis ver cómo nos lo encontramos:






Las salamanquesas también son bastante "osadas" a la hora de meterse en algunos sitios. ¿Todos estos animales están en las ciudades? Pues sí, incluso muchos más que no hemos citado. La biodiversidad urbana es una fuente de riqueza salvaje inagotable si dejamos que siga su curso sin interferir mucho en ella. 



¿Qué podemos hacer en estos casos?

Ante todo es fundamental estar tranquilos. Después hay que evaluar si el animal está en buenas condiciones para ser devuelto al lugar correspondiente donde vive o donde desarrolla su actividad. Si vemos que están heridos, no siempre es aconsejable actuar. Igualmente no es muy recomendable intentar darles de comer; muchas veces la gente desconoce cuál es la dieta de estos animales y ofrecerles comida no es una buena solución.También, dependiendo de las especies de las que se trate (si es alguna que puede ser vulnerable o se considera que está en peligro), tendremos que avisar o no a agentes medioambientales que velan por ellas. Si es una especie común y está en buen estado de salud, entonces podemos intentar que vuelva a instalarse en un sitio apropiado para ella. Mantener animales en nuestras casas y querer criarlos para que salgan adelante es algo que nosotros desaconsejamos totalmente, siempre es mucho mejor que recuperen su actividad en donde ellos se desenvuelven. Si vemos que se trata de un animal herido también existen centros de recuperación de fauna como otra alternativa a la hora de buscar una solución en situaciones como éstas.

Una vez tuvimos que llevar a un ánade real que estaba junto a unos contenedores de basura en medio de una carretera en mitad de Móstoles hasta El Parque de El Soto. ¿Cómo lo hicimos?. Con la chaqueta que llevábamos puesta lo cogimos en brazos tapándole los ojos para que estuviese más tranquilo. Después fuimos caminando hasta el parque y lo soltamos allí, donde tienen una buena charca para estar junto a ocas, garzas reales y otras muchas aves. Fueron unos veinte minutos andando con el pato en brazos. Imaginaos el espectáculo de ir entre la gente así, con un pato en brazos... Al final allí lo dejamos y pudo recuperar su rutina lejos de las acostumbradas miradas urbanitas que se muestran ajenas a estas cosas nada cotidianas.




Y si veis un murciélago en el techo, no tengáis miedo alguno, 
que la mayoría comen insectos. 







lunes, 1 de octubre de 2012

Una carretera sin fin...

Una de esas experiencias que puedes contar ya cuando pasa el tiempo y echas la vista atrás nos ocurrió yendo de excursión a la sierra. La mayoría de las veces que cuentas alguna de estas cosas no es igual que vivirla en tus propias carnes... pero, bueno, os la contamos igualmente.

Era un día de ventisca intensa, allá por octubre o noviembre de hace ya unos cuantos años. Como no disponíamos de tantos medios para hacernos con un buen pronóstico del tiempo para saber con certeza lo que nos íbamos a encontrar, y no nos hicimos a la idea, finalmente salimos para la sierra.

Estuvimos por los aledaños de Peñalara, con un viento que levantaba cualquier cosa que aparecía a su paso. Pudimos hacer gran parte del camino con más o menos apuros. Cuando ya nos dimos la vuelta para llegar a comer, nos resguardamos detrás de una caseta. 

Dicho así todo esto no parece nada del otro mundo, pero ahí no acaba todo. Llegamos a la estación de Cotos, nos tomamos un buen caldo calentito y hacemos un poco de tiempo charlando. Lo mejor, o quizás lo peor, se presenta cuando vas a coger el tren de vuelta para llegar a casa y te dicen en el bar que no, que ya no hay ningún tren. 

¿Qué hacer entonces? No teníamos muchas opciones... quedarnos durmiendo al raso no era una de ellas, el viento hubiera acabado con nosotros en dos soplidos y no llevábamos ni tienda de campaña ni nada que se le pareciera. Por aquel entonces no había teléfono móvil disponible, estamos hablando de cuando los primeros prototipos de telefonía móvil aún eran un estreno muy reciente y no teníamos ninguno de esos zapatófonos. Tampoco había cabinas cerca. Íbamos descartando opciones a medida que veíamos que se nos echaba la tarde-noche encima. Una de ellas que se nos ocurrió fue irnos a la carretera para deshacer el camino andando hasta la primera estación de cercanías, o de autobuses, o algo parecido que encontrásemos. A esas alturas ya estábamos más que congelados del frío que hacía... finalmente nos pusimos a andar cómo podíamos por la carretera y entonces nos dijimos: "tenemos que hacer autostop". 

Así lo hicimos. Las posibilidades de que algún chalado nos subiera en su coche eran muchas, pero con el frío que teníamos ni nos las planteamos. 

Tuvimos muchísima suerte: nos cogió un señor que además de ser muy agradable daba clases en la universidad, y nos acercó hasta la estación de cercanías y allí cogimos un tren y pudimos volver a casa. 

Cuando lo ves con el paso del tiempo te ríes de lo que fue. En ese momento no estás para pensar en nada. Ahora mientras lo escribes con un poco más de perspectiva compruebas que tuvimos mucha suerte, la cosa podía haber acabado de forma muy diferente.

Lo que nos pasó fue porque no teníamos los horarios de trenes actualizados, no había internet para contrastar la información. Si lo hubiésemos sabido no habríamos dejado escapar el último tren.

Como consejo deciros que siempre hay que planificar bien las excursiones, por muy conocido que sea el sitio a donde vamos, siempre pueden surgir imprevistos. Tanto el clima que nos vamos a encontrar como cuánto tiempo va a durar la ruta y por dónde la vamos a hacer, son cosas a tener en cuenta. Gracias a que decidimos hacer autostop ese día todo acabó bien, pero nosotros no aconsejamos que lo hagáis vosotros si tenéis otras opciones mejores. Solamente fue una solución para salir de una situación en apuros. 







viernes, 27 de julio de 2012

Un estuche en el camino

Caminando por Peñalara, en la Sierra de Madrid, hemos pasado muchísimos fines de semana. Esta anécdota es de hace un tiempo ya, pero cada vez que la recordamos, nos quedamos más asombrados de las sorpresas que se nos presentan sin saber cómo. Esta tiene su miga. Nos echamos unas buenas risas.

Echando cuentas, porque ha pasado bastante tiempo, sería allá por el 2004 o el 2005, en un día de invierno íbamos los tres de siempre a poner tierra de por medio en esos bosques. La mochila bien cargada siempre que vamos al campo nos acompaña y en esa ocasión también. Llegamos a la Laguna, comemos por el pastizal rodeados de vacas que nos miran como queriendo decir: "Almuuuuuuu, voy a por ti" pero no les hacemos caso. Va cayendo la tarde y tenemos que deshacer el camino para coger el tren de Cotos hasta Cercedilla, y casi lo perdemos. Nos habíamos entretenido porque en una de estas que decides salirte un poco de la zona habitual de la senda para sentarte a descansar, habíamos perdido un estuche.

Dicho así suena un tanto infantil, quién no ha perdido unas gafas cuando se asoma a hacer una foto al borde de un río (yo no... jeje) o quién no se ha dejado la tapa de la cámara en el valle de Iruelas y tenemos que volver para buscarla (yo no...) Pero esta vez era diferente. Ese estuche llevaba con nosotros desde que Dani estaba en 6º de EGB. Vaquero, con el lavado a piedra de la época, estaba ya andrajoso. Ese estuche había hecho la EGB, BUP, COU y había llegado a la Universidad. En esa etapa de la Uni fue cuando todos los amigos firmamos en él. Que si un dibujo por aquí, que si la gracia de turno para que te acuerdes, vamos, que estaba bien tuneado. 

Cuando lo perdimos de vista, ya no sabíamos dónde buscar. No nos daba tiempo a seguir mirando y dimos por sentado que pasaría sus últimos días y sus últimas noches al raso, hasta que una de esas vacas lo encontrara y decidiera llenarse la panza con él y con sus rotuladores multicolores. 

Llegó la primavera. Ese invierno había sido duro: lluvia, viento, nieve... vamos, un invierno cómo tiene que ser. Y con los primeros días de sol nos apetecía volver de nuevo. 

No teníamos pensado seguir el mismo camino. Al final hicimos una ruta parecida. Cuando la acabamos volvimos a bajar por la senda del "Estuche Perdido". Como esa vez no íbamos tan apurados de tiempo, nos asomamos a ver si por un casual nuestro viejo compañero de clases estaba rondando por allí. Y, ¿qué esperáis? ¿estaría o no? PUES SÍ, allí estaba. A los pies de un árbol, como resignado y diciendo "¿estos cuando vuelven?" nos esperaba aquel testigo de parte de nuestra historia. El alegrón fue inmenso. Ya no por tenerlo de nuevo, sino por ver que la Naturaleza, siempre que nadie interceda, deja las cosas como están.  Y no tuvimos que llamar al equipo de salvamento de alta montaña, él aguantó allí solito.

Después del rescate, ya lo hemos jubilado, hemos decidido que pase esta última etapa de su vida sin tantos contratiempos. Pero aún lo tenemos guardado en un rinconcito de nuestro armario. Cada vez que nos asomamos le decimos: "de ahí no te escapas, ya has recorrido mucho mundo y has visto muchas cosas".