Desde este nuevo blog podréis conocer muchas cosas relacionadas con el Medio Ambiente: cómo caminar por la montaña, rutas de senderismo, curiosidades de flora y fauna, experiencias y anécdotas vividas... y un sinfín de ideas útiles que nos brinda cada día nuestra Naturaleza.
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miércoles, 19 de septiembre de 2018

Ellos también sienten

¿Cuántas veces os habéis preguntado si los animales tienen sentimientos? Nuestros alumnos nos lo han dicho más de una vez, y es que tenemos tan arraigados ciertos pensamientos antropocéntricos que no nos paramos a pensar que ellos también pueden sentir, como si así trazáramos una línea definitoria que nos mantuviese como seres "superiores".

Aclaremos primero una cosa: no todos los animales tienen el mismo grado de desarrollo nervioso, y por lo tanto la riqueza y matices del psiquismo varía en consecuencia. Una lombriz carece de cerebro, y solo posee un conjunto de ganglios neuronales repartidos por su cuerpo (dos por segmento). Por lo que sabemos, la percepción de un animal así se reduce a "alimento", "cosas de las que huir", "otra lombriz" y "cosas indiferentes". Pero si nos vamos a otros extremos, animales como ballenas, elefantes, delfines o similares poseen un cerebro bien desarrollado, y una riqueza de sentimientos y pensamientos rica y bien desarrollada.

¿Debería extrañarnos? Como animales, hemos heredado todo el sistema nervioso de nuestros antepasados homínidos y primates, y aunque hayamos añadido "mejoras", se ha demostrado que la parte responsable de las emociones se aloja en el sistema límbico, y esta zona empieza a estar ya presente en reptiles. Es decir, todas aquellas ramas posteriores en la evolución son perfectamente capaces de sentir las emociones básicas de miedo, amor maternal, placer o agresividad. Y si además se cuenta con un telencéfalo (la parte encargada de procesar la información) más complejo ¿por qué un animal como una ballena no va a poder experimentar también sentimientos más ricos como la curiosidad, la fidelidad o incluso - esto está documentado en delfines y babuinos - la mentira y la planificación?

Es ridículo pensar que ellos (al menos los animales más evolutivamente cercanos a nosotros) no experimentan emociones como nosotros. Los sentimientos no nos separan, sino que nos acercan más a ellos, porque es algo que compartimos.

Os dejamos con tres vídeos que dan testimonio de lo que hablamos. En el primero de ellos, un grupo de elefantes adultos acoge y arropa a un pequeñuelo recién llegado. Esto supone la capacidad de sentir empatía hacia alguien a quien se ve como vulnerable o indefenso, y aunque no pertenezca a la misma familia, se lo considera un semejante. Los otros dos nos hacen pensar que no somos la única especie que es consciente de su mortalidad y es capaz de sentir tristeza por sus fallecidos...
















lunes, 15 de agosto de 2016

Concienciados con la Educación Ambiental

Tanto en el aula como en pleno campo somos unos Educadores convencidos de la necesidad de inculcar en los chavales el cariño y el respeto por nuestro entorno. Pensamos que, aunque se trata de una tarea difícil, si la desempeñamos con entusiasmo y ganas de dar lo mejor de nosotros, esas cabecitas que escuchan asombradas desde su pupitre en muchos casos consiguen llenarse de ideas y sensaciones que les lleven a ese amor por lo natural.
 
Hoy en día estamos inmersos en una era meramente tecnológica, donde predomina el uso de lo digital en detrimento de todo aquello que antes era observar y trastear con las cosas. Antes íbamos más al campo y nos pinchábamos con una zarza y no pasaba nada, cogíamos moras, jugábamos a la zapatilla por detrás... y tantos otros ejemplos surtidos de añoranzas que hicieron de nosotros unos niños inquietamente soñadores. Ahora los/as niños/as viven rodeados de muchos estímulos, más que los que tuvimos nosotros, pero no los saben encauzar del todo. Y en ese cúmulo de estímulos la Naturaleza no forma en muchos casos parte de la prioridad de estas futuras generaciones. Está en un segundo plano para muchos de ellos, pero no porque no les guste, sino porque no la conocen bien.
 
Como Educadores hemos llevado a muchos grupos de escolares al campo y hemos notado la diferencia entre aquellos que procedían de un entorno rural o no. Los niños de los pueblos aún conservan ciertos conocimientos de flora y fauna, pese a que algunas veces los ven como un impedimento a su cotidianeidad, en lugar de como un aliciente más en nuestras vidas. Así, ciertas aves rapaces tristemente son apreciadas como "alimañas" porque de sus abuelos o de gente cercana las han visto siempre de esta forma. Cambiar esa interpretación y hacerles ver que cada animal, cada planta, cada ser vivo cumple su papel en la Naturaleza es indispensable. Con los chavales de ciudad nuestra labor parte de que nazca el interés por salir más al campo y que allí sean capaces de disfrutar todas sus maravillas. No siempre logramos que esto ocurra, pero si solamente por un rato han podido conectar con la Naturaleza y eso les ha hecho sentirse más plenos, nos damos por satisfechos. Para que vuelvan otra vez y otra vez y así hasta que ya por sí mismos decidan ir, hay que darles menos conocimientos y llevarles al terreno de los sentimientos. A tocarles la fibra sensible, como se dice. Los conocimientos son útiles, pero pueden alcanzarse por muchas vías. Los sentimientos tienen que nacer, crecer y consolidarse y hay que alimentarlos todos los días. Es como si fueran una planta que requiere agua y cariño constantemente. La educación entonces se hace una herramienta que adquiere un valor incalculable en esa transmisión de vivencias. 
 
Y en esta labor educacional somos unos entusiastas empedernidos, concienciados plenamente con esta bonita profesión que llena nuestros días, que hace que el mundo tenga un poco más sentido...
 
 
Explicando en el aula








 

jueves, 25 de septiembre de 2014

La Editorial Ambientalista: Conocimientos vs. Sentimientos

Cuando intentamos transmitir el importante mensaje sobre la necesidad de conservar la Naturaleza podemos enfocarlo de dos maneras bien distintas, aunque en algunos casos pueden llegar a ser complementarias: a través de los conocimientos o bien por medio de los sentimientos. Dicho así parece un ejercicio de aproximación muy sencillo e incluso limitado, pero es más bien, a nuestro juicio, una faceta poco explotada, porque la mayoría de las veces el discurso conservacionista va dirigido a lo pragmático y no tanto a la sensibilización.  

Si nos centramos en hacer partícipe al público destinatario de nuestro objetivo de cantidad de información, podemos conseguir que reciban muchos datos y que no sepan relacionarlos con lo que existe realmente en la Naturaleza y no lleguen a apreciarla del todo y con las suficientes garantías. Incluso en algún momento podrían aburrirse y desconectar. También puede darse el caso opuesto: que los abrumemos con tal y tanto despliegue de saberes que se sientan verdaderamente sobrepasados por tantas cosas por aprender y quieran conocer más y más. Pero para esto último, para que los guías de Naturaleza no sean únicamente enciclopedias andantes, debemos de mezclar, de agitar en la misma coctelera, buenas dosis de conocimientos con grandes dotes de empatía. Necesitamos que haya una conexión más estrecha entre el orador y el público, y que vivan como nosotros vivimos esa comunión íntima con el medio.

Los conocimientos pueden llegar o adquirirse por muchos medios y cauces, la sensibilización responde a un latir menos tangible o cuantificable. Si necesitásemos indagar sobre algún tema en particular antes de verlo in situ podríamos manejar y cotejar todos los datos de forma inmediata y casi sin movernos de casa. Pero no es tan fácil que surja ese instinto protector hacia lo que nos rodea si antes no existe verdaderamente una inquietud que toque la fibra de todo aquel que busca el contacto con la Naturaleza. A partir de ese feeling, de ese ímpetu, de ese instinto tan cercano a lo salvaje, pueden venir después las ganas infinitas de conocimiento que lleve a su estudio y de ahí se obtengan muchos frutos de incalculable valor para el ámbito conservacionista.

Importante: recordar de dónde venimos para saber hacia dónde queremos ir y hasta dónde queremos llegar. Sentirnos animales ayudaría bastante, siendo el hombre uno más de la Natura y no pretendiendo estar por encima. Entenderíamos entonces muy fácilmente, sin necesidad de raciocinio alguno, que somos parte de ese todo. 
 
Lo más difícil es saber cómo sembrar en cada uno de nuestros oyentes esa semilla, ese cosquilleo que dé luego lugar a un sentimiento profundo de cariño y respeto hacia nuestro entorno. No hay una fórmula mágica universal que consiga que cualquiera ajeno a este mundo llegue a empatizar por sí mismo con él. Lo mejor es ir poco a poco, no con grandes pretensiones o intentando abarcar lo máximo posible. Quizás si vemos que los grupos pequeños de gente van respondiendo bien a lo que les queremos transmitir, el boca a boca haga el resto. Si conseguimos que unos pocos, por pocos que sean, logren hacerlo suyo e interiorizar este mensaje, será más fácil que eso se expanda por sí solo. Una frase que le escuché hace poco a Dani decía que hoy en día si Jesucristo hubiese tenido Whatsapp el cristianismo no hubiese necesitado nada más que un toque para propagarse, en lugar de haber tenido que pasar por años de peregrinaje difundiendo su palabra. Lejos de quedarnos con el simbolismo católico o cristiano, lo que queremos decir es que basta un buen mensaje encauzado con una campaña sólida y con buenos cimientos para que vaya germinando y logre enraizar firmemente. En la era de la tecnología sobran los medios de difusión, lo que hay que obtener primero son las inmensas ganas de conservar la Naturaleza, y para ello tenemos que hacer que la gente, que el mundo entero, SIENTA desmedidamente que la Naturaleza es suya, pero no para guardarla de manera egoísta, ni para explotarla sin reparos, sino que es DE TODOS Y CADA UNO DE NOSOTROS y que también un pedacito nuestro va en ella, al fin y al cabo todos llevamos dentro algo de esa estrella que originó el mundo...
 
 
 
SIENTE, TRANSMITE, PRESERVA...
EL MUNDO OBSERVA
Y NOS NECESITA
NO PASES POR LA VIDA SIN MÁS
HAY MUCHO QUE APORTAR
DEJA HUELLA EN TU CAMINO
QUE TU SENDERO ALCANCE LA CIMA
Y DESDE ALLÍ VUELE TU SENTIR
TOCANDO LAS ESTRELLAS
 
 
ADRG - 14