Desde este nuevo blog podréis conocer muchas cosas relacionadas con el Medio Ambiente: cómo caminar por la montaña, rutas de senderismo, curiosidades de flora y fauna, experiencias y anécdotas vividas... y un sinfín de ideas útiles que nos brinda cada día nuestra Naturaleza.
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lunes, 15 de febrero de 2021

Para leer en la Naturaleza


 

¿Te gustaría poder entender a los animales como si fueras el Doctor Doolitle? Es difícil, pero no tanto como a lo mejor te imaginas. La mayoría de las veces no los entendemos por el simple motivo de que creemos que piensan como nosotros. Y está claro que, aunque compartimos muchas cosas - sobre todo emociones - con ellos, su visión del mundo no es ni mucho menos como la nuestra. Sin ir más lejos: cuando dejamos a nuestro perro esperando a la puerta de un supermercado o una tienda por primera vez ¿alguien le ha explicado que nosotros vamos a volver?

Para entender a los animales, tenemos que abandonar antropocentrismos e intentar ponernos sinceramente en su lugar. Y para ello tenemos los consejos de Temple Grandin, que no solo es una experta veterinaria, sino que padece un tipo de autismo que la hace pensar en imágenes... como hacen muchos animales. ¿O crees que tu gato hila pensamientos con lenguaje, como haces tú dentro de tu cabeza? No, hasta donde sabemos nosotros, los animales con un psiquismo mayor "montan" sus pensamientos a base de imágenes y emociones como el temor, la alegría, el hambre o el afecto. Y por eso, quizás, Grandin está más cualificada que nosotros para entenderlos.

Una obra altamente recomendada, no solo por su valor divulgativo y su estilo accesible, sino porque nos acerca más a nuestros hermanos peludos, plumíferos o escamosos.






domingo, 3 de mayo de 2020

Madres de pluma y pelo (y escamas)

¡Hoy celebramos el día de la madre! Un tanto atípico, es cierto, pero eso no nos tiene por qué impedir felicitar a todas las mamás y pararnos a pensar cuánto debemos valorarlas. Nosotros, los seres humanos, no somos los únicos que experimentamos ese sentimiento de amor maternal, y por eso hemos querido traeros un pequeño catálogo de qué son capaces de hacer algunas madres en el reino animal para cuidar a sus pequeñuelos ¡Vais a llevaros más de una sorpresa!

* La elefanta debe soportar un embarazo de veintidós meses (¡casi dos años!), tras el cual da a luz un elefantito de unos noventa kilos. ¡Eso sí que es quitarse un peso de encima! El recién llegado nace ciego, y depende del cuidado de todas las hembras del grupo para sobrevivir.

* El padre y la madre de los pingüinos emperador soportan tormentas antárticas, temperaturas de cincuenta grados bajo cero y semanas de hambre para sacar adelante el único huevo que ponen cada año. Una auténtica lección de sacrificio.

* Las madres cocodrilo entierran sus huevos bajo capas de vegetales en descomposición que los mantienen a una temperatura óptima y precisa. De esta forma, no es necesario incubarlos. Cuando nacen, las crías viajan en la boca de la madre ¡A ver quién se atreve a intentar hacerse con una!

* Los koalas se alimentan de hojas de eucalipto, que son venenosas. A ellos no les afecta, porque tienen una bacteria en su tubo digestivo que les permite resistir la toxina. Como los bebés koalas carecen de esa bacteria, la mamá le da a comer sus propios excrementos para conseguirla ¡Qué tierno!

* Las madres orangután no se separan de sus crías durante unos seis o siete años. Exceptuando al ser humano, es el periodo más largo de cuidado parental entre los vertebrados.

* La mamá pulpo pone alrededor de cincuenta mil huevos, que cuida celosamente durante cuarenta días. En ese periodo sopla sobre ellos para generar corrientes de agua que los mantengan oxigenados. Lo malo es que eso le impide capturar presas, por lo que debe ayunar hasta que los huevos eclosionan.

* Los chorlos hembras, entre otras aves, si ven que un depredador se acerca al nido, simulan tener un ala rota para atraer sobre ellas la atención y alejar la amenaza de los polluelos con su pantomima.

* Los hijos del piojo de mar se abren camino al exterior y a la vida desgarrando el vientre de sus madres. Si eso no es sacrificio maternal, nada lo es.




viernes, 27 de marzo de 2020

Para leer en la Naturaleza






Hubo un tiempo en el que se miraba a los animales como máquinas más o menos simples o más o menos complicadas, que se limitaban a responder mecánicamente a los estímulos del ambiente. Si el animal tenía hambre, hacía una cosa; si tenía miedo, hacía otra; si veía algo de color rojo, actuaba de una tercera manera. Por fortuna, etólogos como el primatólogo Frans de Waal contribuyen a que esa percepción desaparezca tanto entre la comunidad científica como entre el público general.

Como nos demuestra en su libro, no solo hay mucha más variedad de comportamientos, sino que fenómenos que se consideraban exclusivos del hombre como la autoconciencia, la capacidad de planificar o mentir, las facultades matemáticas, etc. pueden encontrarse en animales tan insospechados como los orangutanes, los cuervos o los pulpos. Además, nos invita a una interesante reflexión filosófica: ¿no será que estamos haciendo definiciones muy sesgadas de "inteligencia" para salir bien parados como parte interesada? ¿Y si hay otros tipos de inteligencia en los cuales no destacamos tanto? ¿Tenemos suficiente inteligencia para entender la inteligencia de los animales?

Un libro de amena lectura e interesantísimas revelaciones que te cambiará el modo en que ves a los animales y a ti mismo. ¡No te lo puedes perder!





viernes, 6 de marzo de 2020

Para leer en la Naturaleza




¿Queda alguien que aún piense que los animales no se comunican? Quizás no "hablen" como nosotros, pero también es cierto que nosotros no "hablamos" como ellos. ¿O quizás sí? Leyendo este libro de Heribert Schmid uno no puede evitar darse cuenta de que muchas de nuestras formas de expresarnos (sobre todo en lo que respecta a lo no verbal) las compartimos con muchos animales.

Pero hay más, muchas más formas de comunicación de las que ni siquiera tenemos ni idea o podemos imaginar: señales y paisajes olorosos o electromagnéticos que se nos escapan por completo, por estar más allá del alcance de nuestros sentidos. Y también están las pautas y signos que sí podremos percibir y entender si estamos atentos y dispuestos a entender con la mente abierta y vacía de antropocentrismos.

Un libro de lo más interesante, para todos los amantes de la etología y los animales en general, que abrirá los ojos a muchos abriendo nuevas formas de comunicación con nuestros parientes más cercanos.





domingo, 25 de agosto de 2019

Para leer en la Naturaleza





¿Cuántas veces os habéis preguntado (u os han preguntado) si los animales tienen sentimientos? Quizás sois de los que piensan que el amor, el miedo, la curiosidad, el dolor o la felicidad son vivencias únicamente reservadas al ser humano, mientras que los animales no serían más que "máquinas programadas genéticamente". Esta actitud normalmente deriva de la herencia de una tradición antropocentrista que tiende a mirar al hombre como algo especial en la Creación.

Peter Wohlleben nos muestra que no es así. Los animales sienten. Y no solo argumenta citando las clásicas muestras de cariño que podría mostrar nuestro perro para recibirnos, sino que apoya sus argumentos con muchos estudios científicos. Nos demuestra que las estructuras cerebrales relacionadas con los sentimientos están presentes ya en peces, y que compartimos con ellos muchas hormonas relacionadas con sentimientos, como la oxitocina, responsable, entre otras cosas, del "amor maternal". Cierto que estamos hablando básicamente de vertebrados, y que en los animales más sencillos (como lombrices u ostras) no podemos esperar el psiquismo de un delfín o una madre osa, pero eso no quita fuerza a su argumento. También demuestra, para aquellas personas que digan "pero en los animales es solo instinto", que esas mismas emociones son instintivas en humanos. En definitiva, que nuestro miedo, nuestra felicidad o  nuestra curiosidad son biológicamente equivalentes a las de los animales. Porque los animales sienten como nosotros, o quizás debamos decir que nosotros sentimos como los animales.





viernes, 25 de enero de 2019

Vidas por la Naturaleza



Karl Von Frisch

El hombre que nos enseñó a escuchar a las abejas nació en Viena en 1886. Hijo de un profesor de universidad, estudió en una escuela de gramática y posteriormente en la facultad de medicina. Luego se cambió a filosofía y finalmente a zoología, donde encontró su verdadera vocación. Le tocó vivir las dos Guerras Mundiales, pero aún así consiguió desarrollar una interesantísima carrera profesional, como atestiguan los siguientes hechos...

* Estudió durante cuarenta años el comportamiento de las abejas melíferas.

* Demostró que las abejas pueden ver la luz polarizada, que no pueden distinguir determinadas formas o algunos colores (como el rojo), pero sí otros invisibles para el hombre (como el ultravioleta).

* Descifró el lenguaje que usan las abejas exploradoras para comunicar sus descubrimientos al resto de la colmena, un lenguaje que transmiten a través de vibraciones, danzas circulares y movimientos en determinados ángulos.

* En 1973 fue galardonado con el Nobel de Medicina y Fisiología por sus trabajos, premio que compartió con los etólogos Konrad Lorenz y Niko Tinbergen.

* Realizó también estudios con peces, demostrando que podían distinguir colores y brillo, así como una amplia gama de sonidos (más que los humanos).




miércoles, 19 de septiembre de 2018

Ellos también sienten

¿Cuántas veces os habéis preguntado si los animales tienen sentimientos? Nuestros alumnos nos lo han dicho más de una vez, y es que tenemos tan arraigados ciertos pensamientos antropocéntricos que no nos paramos a pensar que ellos también pueden sentir, como si así trazáramos una línea definitoria que nos mantuviese como seres "superiores".

Aclaremos primero una cosa: no todos los animales tienen el mismo grado de desarrollo nervioso, y por lo tanto la riqueza y matices del psiquismo varía en consecuencia. Una lombriz carece de cerebro, y solo posee un conjunto de ganglios neuronales repartidos por su cuerpo (dos por segmento). Por lo que sabemos, la percepción de un animal así se reduce a "alimento", "cosas de las que huir", "otra lombriz" y "cosas indiferentes". Pero si nos vamos a otros extremos, animales como ballenas, elefantes, delfines o similares poseen un cerebro bien desarrollado, y una riqueza de sentimientos y pensamientos rica y bien desarrollada.

¿Debería extrañarnos? Como animales, hemos heredado todo el sistema nervioso de nuestros antepasados homínidos y primates, y aunque hayamos añadido "mejoras", se ha demostrado que la parte responsable de las emociones se aloja en el sistema límbico, y esta zona empieza a estar ya presente en reptiles. Es decir, todas aquellas ramas posteriores en la evolución son perfectamente capaces de sentir las emociones básicas de miedo, amor maternal, placer o agresividad. Y si además se cuenta con un telencéfalo (la parte encargada de procesar la información) más complejo ¿por qué un animal como una ballena no va a poder experimentar también sentimientos más ricos como la curiosidad, la fidelidad o incluso - esto está documentado en delfines y babuinos - la mentira y la planificación?

Es ridículo pensar que ellos (al menos los animales más evolutivamente cercanos a nosotros) no experimentan emociones como nosotros. Los sentimientos no nos separan, sino que nos acercan más a ellos, porque es algo que compartimos.

Os dejamos con tres vídeos que dan testimonio de lo que hablamos. En el primero de ellos, un grupo de elefantes adultos acoge y arropa a un pequeñuelo recién llegado. Esto supone la capacidad de sentir empatía hacia alguien a quien se ve como vulnerable o indefenso, y aunque no pertenezca a la misma familia, se lo considera un semejante. Los otros dos nos hacen pensar que no somos la única especie que es consciente de su mortalidad y es capaz de sentir tristeza por sus fallecidos...
















martes, 18 de abril de 2017

Para leer en la Naturaleza




Este domingo se celebra el Día del Libro, así que os vamos recomendando alguno, por si queréis conseguirlo en alguna librería o biblioteca, como hemos hecho nosotros. Además, como no podía ser de otra forma, es un libro lleno de vida... animal.

"Interpretar a los animales" es un libro muy ameno e increíble, en el que la autora Temple Grandin y la coautora Catherine Johnson nos abren los ojos a cómo muchos animales muestran dolor, miedo, agresión, amor, amistad, comunicación, aprendizaje e incluso rasgos de genio. Si muchas veces no nos damos cuenta es porque, o bien no nos esperamos eso de ellos, o no lo manifiestan con las mismas señales que nosotros (por ejemplo, entre los simios, la sonrisa es un indicativo de agresividad, no de "seamos amigos").

Pero si algo hace singular a este libro, es que su autora, aparte de su formación científica, ha sido autista, y según ella, eso le ha dado una visión particular a la hora de interpretar el lenguaje de los animales. Un autista puede ver lo que otros no pueden, desde su perspectiva singular. La autora llega a plantear la posibilidad de que algunos animales sean en realidad el equivalente de "sabios autistas", con una capacidad mayor a la que nos imaginamos, pero con dificultad para mostrárnosla.






martes, 14 de febrero de 2017

Seducción natural

Tener un detalle con sus parejas no es algo exclusivo de los humanos. Entre los animales hay multitud de ejemplos de comportamientos de cortejo suyo fin es demostrar a la pareja que tiene delante al mejor compañero y futuro padre de sus hijos. Y es que normalmente la exhibición de cortejo corre a cargo del macho, ya que son las hembras las que tienen la potestad de elegir. Así, las ciervas se quedan junto al macho que más fuerte berree y consiga vencer a sus oponentes cuando sea desafiado.

El cortejo amoroso puede consistir en una muestra de fuerza, como las luchas a testarazos de los muflones, regalos comestibles, como el que algunas especies de arañas hacen a sus hambrientas hembras, o incluso auténticas galerías de arte de objetos vistosos, como hace el singular tilonorrinco australiano, que colecciona objetos de colores para conquistar al amor de su vida.






Pero entre los cortejos más curiosos que podemos encontrar, están las danzas nupciales de algunas aves tropicales, como podréis ver en el siguiente vídeo ¿Quién podría resistirse a unos bailarines como estos?











miércoles, 24 de agosto de 2016

Para leer en la Naturaleza

El mono desnudo



Desmond Morris tiene un hueco bien merecido en la historia de la etología, el estudio del comportamiento animal. En este libro examina a fondo el comportamiento de un primate en concreto, intentando explicar por qué hace lo que hace desde un punto de vista evolutivo. Pero no se trata de ningún chimpancé, gorila o tití, sino del único primate que apenas tiene pelo en su cuerpo...
 
¿Nunca te has preguntado por qué somos el único animal que lleva ropa? ¿Y por qué la sonrisa, que es una señal agresiva entre los simios, ha derivado hasta convertirse en un gesto de simpatía? ¿O qué cambios sociales supuso entre los homínidos primitivos el caminar de forma erguida? Te asombrarías de saber cuántos de nuestros comportamientos del día a día tienen una explicación reflejada en nuestra parte más animal y la historia evolutiva desde nuestros antepasados más "monos"... Desmond Morris te desvela muchos de estos secretos en este curiosísimo libro.
 
 
 
 
 
 
 
 

martes, 23 de julio de 2013

Para leer en la Naturaleza



Según la leyenda, el rey Salomón era capaz de hablar con los animales gracias a un anillo mágico. Konrad Lorenz, el científico austriaco al que se le considera padre de la etología, nos dice en este estupendo libro que no hace falta ningún anillo encantado. Basta con saber reconocer las señales que los animales nos envían. Al fin y al cabo, que no hablen nuestro idioma no quiere decir que no se comuniquen. El mismo Konrad Lorenz logró la fabulosa hazaña de entender a los animales y hacerse entender por ellos.

"Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros" es un libro que no puedes dejarte sin leer. Es divertido e interesante, y en él el autor te enseñará en qué cosas debes fijarte para poder interpretar mejor qué quieren decir nuestros parlanchines compañeros. Todo esto aderezado con sus propias experiencias como "mamá" de un grupo de patitos, o como "grajilla honoraria" de una bandada de estas singulares aves.



"En la Naturaleza la verdad supera en belleza
a todo lo que puedan imaginar nuestros poetas"
 Konrad Lorenz


Así que ya sabes...

¡Aprende idiomas estas vacaciones!





martes, 17 de enero de 2012

Una de libros: El gen egoísta

Para iniciar otra sección nueva sobre libros de todo tipo que tengan relación con el mundo de la biología en particular y de la naturaleza en general, hoy nos hemos acordado de "El gen egoísta".



Este ensayo científico explica con profundidad y objetividad las bases evolutivas del comportamiento de los animales y el ser humano.


La selección natural no actúa ni a nivel de especie ni a nivel de individuo, sino que son los genes los que son seleccionados. El autor plantea la hipótesis según la cual los genes utilizarían a los individuos para perpetuarse pudiendo sobrevivir aquellos genes más efectivos o con mayor capacidad de propagación.


Esta teoría explicaría el aparente altruismo de las abejas que se sacrifican para proteger la colmena o las aves que dan la alarma para salvar a toda la bandada. 


Richard Dawkins afirma que el verdadero altruismo no existe en la naturaleza porque en último término son los genes los que actúan egoístamente para heredarse.