Desde este nuevo blog podréis conocer muchas cosas relacionadas con el Medio Ambiente: cómo caminar por la montaña, rutas de senderismo, curiosidades de flora y fauna, experiencias y anécdotas vividas... y un sinfín de ideas útiles que nos brinda cada día nuestra Naturaleza.
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jueves, 12 de julio de 2018

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La reflexión y la refracción

Reflexión y refracción son dos situaciones que le pueden pasar a la luz (y a otras cosas que existan en forma de ondas, como el sonido). A pesar de que se parecen en el nombre, son dos fenómenos bien distintos, sobre todo porque en uno de ellos las ondas rebotan y en el otro traspasan el medio. Pero vayamos por partes...

En la reflexión, lo que ocurre es que las ondas chocan contra algo y salen despedidas de vuelta con el mismo ángulo con el que llegaron; es decir, si llegaron rectas, vuelven rectas, y si chocaron con 30º de inclinación, rebotan con 30º de inclinación. Es lo que le sucede a la luz frente a un espejo, o al sonido cuando estamos en un lugar con eco.

En la refracción, las ondas pasan de un medio a otro con distintas características, por lo que varía su velocidad y su ángulo. Es como si el segundo medio fuese más o menos "espeso" que el anterior, y por lo tanto, aunque logran avanzar, lo hacen con mayor o menor velocidad. En este caso, para calcular el ángulo con el que las ondas se desvían hace falta una ecuación un poquito más complicada, y que se llama Ley de Snell:





Donde las "enes" representan el índice de refracción del primer y el segundo medio, es decir, cómo de "denso" es cada medio para las ondas. Los senos, por si todavía no os los han explicado en el cole o en el insti, son un tipo de operación que se realiza con ángulos. ¿Y dónde se da la refracción en la Naturaleza? Pues, por ejemplo, cuando miras a ese objeto que hay en el fondo de la piscina y te parece que está más cerca (por cierto, lo mismo le pasa a los martines pescadores que buscan pececitos en el río), cuando una cuchara medio metida en un vaso de agua da la impresión de que está doblada, o cuando el sonido viaja más rápido a través del agua o de los sólidos que a través del aire.




jueves, 1 de febrero de 2018

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Los movimientos de las plantas

A lo mejor te parece que las plantas no se mueven para nada. Si es así ¡estás muy equivocado! Se mueven, y aunque en ocasiones lo hacen muy despacito, tanto que casi no se nota, a veces pueden sorprendernos. Vamos a aprender cómo pueden moverse las plantas.

Las plantas tienen dos tipos de movimientos, que se llaman tropismos y nastias (¡vaya nombres!). Los tropismos son movimientos muy lentos, constantes, hacia un estímulo o alejándose de él. Por ejemplo, las raíces siempre crecen hacia abajo, a favor de la gravedad, y los tallos siempre buscan la luz (fíjate si tienes alguna maceta puesta cerca de una ventana, y verás cómo la planta se inclina hacia ella). Según el estímulo de que estemos hablando, diremos que es un geotropismo (gravedad), fototropismo (luz), quimiotropismo (sustancias químicas), tigmotropismo (tacto) o hidrotropismo (agua). De alguna forma, la planta percibe la presencia del estímulo y crece acercándose o alejándose de él.

Las nastias son más curiosas. Se trata de movimientos que solo duran un tiempo frente a un estímulo puntual. Pueden ser más o menos lentos (como las flores del dondiego de noche, que se cierran cuando hay luz y se abren cuando cae la noche) ¡o increíblemente rápidos! Las hojas de la venus atrapamoscas se cierran en una fracción de segundo cuando un insecto toca determinados pelitos de su superficie. Aquí podéis ver un vídeo de nuestro canal en el que se ve cómo se cierran las hojas de la mimosa (Mimosa pudica) cuando algo las roza. Como veis, el movimiento es bastante rápido... para tratarse de una planta.







martes, 1 de agosto de 2017

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La reproducción de los cnidarios

Los cnidarios son un grupo de animales que incluyen a las medusas, pólipos, corales y otros animales parecidos. Entre otras cosas particulares de este grupo tenemos su forma de reproducción, tan curioso que se ha merecido un nombre propio: el de "ciclo metagenético".




En estos animales sucede una cosa realmente extraña: ¡los hijos no son iguales que los padres! Para verlo más claramente, vamos a explicarlo empezando por una medusa. Puedes ayudarte del esquema superior (de nuestra página de Cajón de Ciencias) para seguir la explicación.

Cuando una medusa se reproduce, lo hace sexualmente, es decir, mediante óvulos y espermatozoides. De la unión sale un zigoto, que se desarrolla hasta convertirse en larva. Pero esta larva, en lugar de convertirse en una medusa adulta ¡se transforma en un pólipo! La larva se fija al suelo, y allí pasa el resto de su vida como un animal bastante distinto a sus progenitores. Cuando tiene que reproducirse, lo hace asexualmente, separándose del cuerpo fragmentos llamados éfiras ¡que después se convierten en medusas!

En resumen, imagina que tienes hijos que salen completamente distintos a ti, porque se pasan la vida fijados al sustrato, pero que tus nietos vuelven a ser iguales a ti, aunque tus bisnietos vuelven a ser fijos y así sucesivamente...

Dicho esto, hay que aclarar que no todos los cnidarios siguen este ciclo. Algunos solo tienen fase medusa, y otros solo fase pólipo. Como dice el refrán, de todo tiene que haber en la viña del Señor...




viernes, 16 de junio de 2017

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El efecto invernadero

Seguro que habéis oído esta expresión más de una vez, normalmente relacionada con el problema del calentamiento global. Pero ¿sabéis realmente en qué consiste? Veámoslo siguiendo la explicación con el siguiente dibujo.





La Tierra recibe constantemente radiaciones provenientes del Sol en forma de luz y calor. Cuando estas radiaciones (en color rojo) llegan a la atmósfera terrestre, algunas de ellas son reflejadas al espacio (flecha violeta), mientras otras (flechas rosadas) alcanzan la superficie terrestre. Allí, de nuevo, los rayos son reflejados (en naranja) con la diferencia que ahora algunos atraviesan la atmósfera (en verde) mientras otros rebotan de vuelta a la Tierra (en amarillo). En cada rebote, la radiación pierde longitud de onda, pero gana en calor, por lo que los últimos rayos reflejados contribuyen a subir la temperatura.

¡Ojo! Esto no es malo de por sí. Si no fuera por el efecto invernadero, el nuestro sería un planeta helado, con una temperatura media de entre -5 y -10ºC. Gracias a él, estamos (a nivel global) a una temperatura de unos agradables 15ºC. El problema viene cuando la emisión de ciertos gases vuelve más "densa" la atmósfera y se refleja de vuelta más radiación "caliente" de la normal. ¡Entonces sí que corremos peligro de darle calenturas a nuestra querida Tierra!